Sastun
Alexander
López
En Sastun (1994) la Doctora Rosita Arvigo relata su encuentro con el
famoso curandero maya Don Eligio. El conocimiento transmitido por la sabiduría
popular era el tesoro que Rosita anhelaba encontrar. Sentía una atracción
definitiva por las plantas y por el
efecto reparador que tiene el entorno vegetal en la vida de las personas.
Llegar a Belice significó
cumplir un sueño, pero las inclemencias de la selva la expusieron a decepciones
e incluso a sentimientos trágicos. En medio de la contrariedad ocurrió el milagro
de su encuentro con Don Eligio y su sabiduría maya, concebida como algo humano
y divino al mismo tiempo.
Más tarde, cuando Rosita
creía que su aventura terminaba, que no tendría los recursos para continuar, ocurrió otro milagro: la ciencia formal vino
al auxilio. La presencia oportuna de un director del Jardín Botánico de Nueva
York, dispuso el vínculo entre la investigación científica y el acervo
tradicional y desconocido. Empezó una
relación en la cual la ciencia académica aprendió mucho de la ciencia
popular. El conocimiento de los mayas,
elemental y decisivo, es un aliento ante
grandes desafíos como el cáncer, el HIV y otras endemias desoladoras. Una
enseñanza que ayuda a calibrar las corrientes enigmáticas de nuestro mundo, tan
intenso y tan extenso al mismo tiempo.
Con Don Eligio Rosita
conoció el legado de los Espíritus mayas y obtuvo en un sueño
su Sastun para ejercer el antiguo oficio
de sanación. Al contarle al viejo lo ocurrido, este se mostró impresionado e
interesado en conocer los detalles: “Te dije que ellos son amigos. Ahora puedes
hacer este trabajo con su ayuda y protección. No estamos solos”.
Este libro nos enseña a
valorar y preservar la selva tropical y el conocimiento de sanación. Lo podemos
hacer desde donde estemos, si somos capaces de revivir esos parajes exuberantes
donde desaparecen las diferencias entre el objeto real y el objeto imaginado
por nosotros mismos.
Sastun, por cierto, es el
tótem o ícono que simboliza el ejercicio de la sanación por encargo de las
entidades espirituales. Todo sanador debe tener uno.
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