Capitalismo, destrucción y construcción
Alexander López
Se dice con frecuencia que el capitalismo es igual a
destrucción. Vale la pena hacer algunas
precisiones. En primer lugar, todos los sistema sociales al imponerse han
tenido consecuencias destructivas, incluso violentas. Mientras mayor es su
potencial histórico mayor es su capacidad de destrucción. Todos los sistemas
que se han arraigado en la historia lo han hecho sobre un determinado efecto
destructivo. El Manifiesto Comunista de
1848 afirma que “La historia de todas las sociedades que han existido hasta
nuestros días es la historia de la lucha
de clases”, es decir, una lucha
constante “que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la
sociedad o el hundimiento de las clases
beligerantes”.
También todos los sistema sociales tienen una capacidad
constructiva. Esto se puede apoyar en el mismo razonamiento anterior. Tenemos
que resaltar que la capacidad para el crecimiento social se ha incrementado, y,
de nuevo, en el Manifiesto se lee: “La
burguesía, con su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de
existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que
todas las generaciones pasadas juntas”.
Marx y Engels reconocieron esa capacidad del capitalismo como una
condición necesaria para el advenimiento del socialismo.
Entonces según estos autores,
claramente, carece de base histórica afirmar que el capitalismo ha
destruido todas las capacidades del
hombre o que las ha disminuido. No se puede negar por supuesto que al lado de los avances y beneficios se observan efectos negativos. Por lo cual es necesario reafirmar la
importancia de la lucha por la justicia. Resulta imperioso aprovechar los
recursos del propio sistema para apoyar a los sectores que no pueden acceder a
los beneficios de la vida moderna. Tanto el sector público como el sector
privado -que incluye a empresarios, políticos y comunidades- tienen que actuar
para corregir las tendencias perniciosas.
Hasta el presente el régimen democrático aparece como el más
apropiado para la distribución de los valores de la socidad. El capitalismo y
la democracia tienen que someterse a la crítica permanente para que las fuerzas
constructivas predominen por sobre las destructivas.
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