Sócrates
Alexander López
@lopezalexucv
Fue un personaje histórico cuyo nombre escuchamos con frecuencia
cuando se habla de política, de ética y de lenguaje. Nació en Atenas y vivió
entre los años 470 y 399 antes de Cristo. Junto con Platón y Aristóteles es uno
de los tres grandes de la filosofía griega.
El Sócrates que yo conozco es el que llegó a mí por medio de los diálogos de Platón, como Apología y Critón. Por lo tanto se trata de un personaje. Podemos decir que su mundo es el mundo griego que continuó Platón, el del siglo de Pericles.
El Sócrates que yo conozco es el que llegó a mí por medio de los diálogos de Platón, como Apología y Critón. Por lo tanto se trata de un personaje. Podemos decir que su mundo es el mundo griego que continuó Platón, el del siglo de Pericles.
Lo primero que me impresionó de Sócrates fue la relación entre su vida y la ciudad de
Atenas. Estar en el mundo era conjugar
su vida interior y su vida social Me pareció que para él vivir tenía un contenido
subversivo. Sentía como un mandamiento superior dedicarse al estudio de la
filosofía, estudiarse a sí mismo y estudiar a los demás. Con el respeto
indoblegable a la verdad este maestro nos enseña una ética ciudadana e
intelectual. Cuestionó a quienes abusaban del poder. Lo hizo a través del
contacto directo con la gente sin
participar en las asambleas, algo hasta cierto punto clandestino. Su
interés era que los ciudadanos conocieran la razón fundamental de la
participación política en la democracia ateniense.
En los diálogos Sócrates explica la clave de su proposición.
Lo que cuestionaba era una cierta forma de concebir la vida ciudadana que
confundía las cosas del Estado con el Estado en sí. Sócrates fue condenado a
muerte como consecuencia de sus argumentos.
Como esa sentencia de los hombres era una injusticia, sus compañeros le propusieron
huir y salvar la vida. Pero Sócrates no aceptó esa recomendación para ser fiel
a su filosofía política. Ciertamente la condena arbitraria era un acto de
corrupción en el plano de las cosas del Estado. Pero el Estado era lo
fundamental y por lo tanto la ley tenía que ser acatada. No traicionó este hombre su compromiso “por
miedo a la muerte o a cualquier otro peligro”.
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