Tío Pedro

Alexander López
@lopezalexucv
Creo que es la oportunidad de compartir con los lectores esta
evocación. Como cuando le agradecí a mi
tío Pedro que aquellas lochas que me regaló. Tengo una imagen lejana de lo que
son las lochas porque ha pasado mucho tiempo. Esta noche las humildes monedas regresaron
como una riqueza extraordinaria, algo que no se puede contabilizar.
Estoy exactamente frente a una ventana que da hacia donde tú
te encuentras, tío, en tus últimas horas. Veo que los espacios son resonancias,
presencias. Tengo 8 años. No puedo saber si es normal que los niños guardemos
tantos recuerdos, tengo conciencia de mi niñez, de mi manera de hablar, de mi
interés por la forma como hablan los adultos, del momento justo de tu muerte.
En las noches imagino que un día me descubriré como una persona distinta, no
como una persona nueva sino distinta.
Me pregunto por qué son tan importantes los pueblos en donde
vivimos. Salgo a la calle y veo las casas y me emociona ver que hay un orden.
Que la casa de Margarita mantiene un nexo comprensible con la casa de Rosa y
que la casa de Rosa tiene una relación significativa con la casa de Olga mi mamá y la de la comadre
Carmen. Estoy jugando con Vladimir mi hermano. Somos muy distintos, siempre competimos por las
cosas más extravagantes, como, por ejemplo, cuando nos dividimos los carros por
marcas y competimos para ver quién tiene más en el movimiento de la carretera
que pasa justo frente a nuestra vivienda. A pesar de las competencias no tengo
problemas en reconocer que es muy inteligente. Si es verdad que lo veo como un
competidor pero no como un enemigo, ya que además a él le gusta dormir mucho y
por lo tanto sin proponérselo me deja el terreno disponible para mis correrías.
Le gusta salir a jugar fuera de la casa y tiene varios amigos; yo en cambio no
tengo amigos y paso la mayor parte del tiempo descifrando los secretos de la
familia y con los portentos.
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