Alexander López
@lopezalexucv
Vivimos en una sociedad en
la cual la violencia es algo cotidiano para millones de personas. La sufrimos
de una manera directa o indirecta. Hay que insistir que es inaceptable y que ninguna
sociedad puede considerarla normal y hasta tolerable. Tenemos que rechazar
cualquier forma de agresión contra un individuo o en contra de un grupo social,
cualquiera sea la motivación.
Esta semana leímos en la
prensa una noticia que evidencia en forma literal hasta donde pueden llegar las
cosas. Se trata de la violencia en la escuela, que es un lugar especialmente
concebido para que niños y jóvenes aprendan las bases de la cultura que permite
la sociabilidad y el desarrollo humano. Fue un desenfreno dirigido contra una
maestra enfrente de todos sus discípulos. Fue un hecho que involucró a un
alumno y a sus padres. Un cuadro muy triste desde cualquier punto de vista.
Así lo refiere el diario El
Universal el 24 de noviembre de 2012, en su edición electrónica:
“De terror. Así fue la historia que
alumnos de tercer grado contaron a sus padres, cuando el jueves por la tarde
llegaron a sus casas, después de haber presenciado cómo una pareja, con una
navaja y un frasco de ácido de batería en las manos, amenazaba de muerte y
golpeaba salvajemente a su profesora, en la escuela María La Riva Salas de Barinas”.
Ante una situación tan alarmante
docentes, representantes y alumnos salieron a la calle a exigir las condiciones
mínimas de seguridad para que la institución pueda cumplir su función
pedagógica.
Nuestro país pasa por una situación compleja, todos tenemos que
ingeniárnosla para encarar los problemas que afectan nuestras condiciones de
vida. En medio de esa vorágine es difícil ver la relación entre los diferentes
hechos que nos perturban. Pero es tan significativo el tema que nos ocupa que
estoy seguro de que si le prestamos la debida atención se convertirá en una
prioridad, ya que la violencia en la escuela representa una límite que
definitivamente y por el bien de todos no debemos pasar.
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